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Sin tiempo

Estoy tan sumergida en la promo de la novela y en la escritura de la nueva que no paso por aquí. No es porque no pasen cosas, todos los días hay algo nuevo, es que los días se han vuelto demasiado cortos y apenas me queda tiempo para dedicarme a nada que no sea el trabajo y los niños. Son rachas, lo sé, y me propongo todos los días escribir unas líneas, pero durante el día no tengo tiempo y por la noche, cuando por fin dejo las redes, estoy tan cansada que no tengo la cabeza para ponerme a escribir.

Pero hoy estoy aquí. Para contarte que salió mi novela y que Rober abrió una botella de cava aquella noche para celebrarlo. Cava y comida china. Fue una combinación extraña, pero esa fue nuestra celebración.

El viernes Carlos invitó por primera vez a un amigo a jugar a casa. Los dos estaban emocionados.

-M. me ha ascendido a primer mejor amigo --me explicó Carlos la tarde anterior-. Es una cosa que hace M., que tiene una lista en la cabeza de sus amigos y los lleva por orden. Antes yo e…

Una nueva primera vez

Se me pasan los días y no escribo. Se pasó el Carnaval y no he contado que los niños se vistieron de indios, aunque Marcos quería ir de vaquero "porque son los malos y tienen pistolas". Siempre va con los malos: en los juegos, en las películas... La fascinación del villano, supongo. Y dan igual mis intentos por mantenerles lejos de las armas de juguete. A él le gustan las pistolas y, si no tiene, le sirve igual un palo para pegar tiros.

Total, que se vistieron de indios, porque el tema del Carnaval en su colegio ha sido "el cine" y eso es tan amplio que nos valía casi cualquier disfraz. Carlos quería ir de palomita. De maíz, se entiende. Pero ante mi cara de pánico ("¿de palomita", pregunté, creo que incluso tartamudeé, porque veía misión imposible que mis escasas capacidades manuales fueran capaz de hacer un disfraz de palomita), él mismo se echó para atrás y decidió que mejor de indio, que teníamos los disfraces del año pasado y molan bastante. Así que…

Globos y elecciones

Ha sido el cumpleaños de Rober. El viernes lo celebramos en pequeño llevando a merendar a los niños y le dimos nuestro regalo, que este año ha sido algo extraño, pero ha triunfado. No tenía ni idea de qué regalarle: últimamente trabaja más que de costumbre, está bastante estresado y no parece divertirse demasiado con nada. Todas sus aficiones languidecen en armarios y estanterías y solo parece que se relaja con dos cosas: los preparativos para el huerto y un juego online. Ahí andan Carlos y él, preparando semilleros en la terraza que trasladaremos en su momento para trasplantarlos en su momento y elucubrando qué van a plantar este año: tomates, judías, calabacines... El año pasado hubiéramos podido poner una frutería. Cada fin de semana nos traíamos kilos de tomates deliciosos que repartíamos entre la familia. Tengo la sensación de haber preparado litros de salmorejo...

Pensé comprarle algo para la bici, porque en cuanto empiece el buen tiempo (vale, que ya ha empezado, pero no creo …

Hambre de saber

Hoy Carlos quería saber sus apellidos. TODOS sus apellidos. No solo los dos primeros, que son los que conoce, sino que pretendía que me remontara hasta nuestros ancestros de la Edad Media. He llegado hasta su noveno apellido y porque era de la familia de Rober y ya a tanto no llegaba. No ha importado: entonces ha querido saber cuántos bisabuelos tenía y sus nombres y cuántos tatarabuelos y sus nombres. De todos ellos. Y, cuando me he vuelto a atascar, ha empezado a preguntarme sumas y luego ha querido saber por qué él hace las sumas de manera diferente a como las hace su padre y que por qué enseñan métodos distintos de sumar y que qué pasaría si se cambia de colegio y utilizan otro método de sumas y que si yo no sé matemáticas porque siempre digo que soy de letras y que si papá sabe algo de lengua, porque trabaja con números...

Y así todo el camino. Preguntas y más preguntas. Del colegio al parque, del parque a casa. La curiosidad insaciable de los seis años que todo quiere saberlo, q…

Sin parar

Tuvimos fin de semana intenso y no pude pasar por aquí. Lo bueno es que no tengo obligación de hacerlo, porque me he liberado de la carga del blog pseudoprofesional, así que la idea es escribir cuando puedo y cuando me apetece. Una verdadera liberación.

El caso es que no paramos. El sábado por la mañana Marcos tenía un cumpleaños en uno de esos garitos para preescolares que suministran emociones fuertes (hinchables, parques de bolas, camas elásticas, pistas americanas...) y sustancias alucinógenas para infantes (refrescos azucarados, tarta de cien mil chocolates, ganchitos radioactivos). Se lo pasó genial: media mañana luchando contra un dragón hinchable y trepando por cuerdas para tirarse por un tobogán. Su diversión fue inversamente proporcional a la mía, que tuve que hacer vida social con los padres de la clase. Es curioso, pero con los padres de la clase de Carlos me llevo muy bien y es divertido cuando hacemos actividades comunes, pero con los de Marcos (salvo un par de excepcion…