jueves, 20 de abril de 2017

Mamá, ¿qué es la muerte?

Hace unas semanas mi hijo mayor me hizo la pregunta más difícil. Quería saber qué es la muerte. Me pilló por completo desprevenida, pero traté de contestar a sus preguntas de la mejor forma posible. Sin manual, sin información sobre el tema, sin red, en definitiva, contesté como me indicó mi intuición a esta cuestión tan delicada.

 
Mi hijo mayor, muy cerca ya de los 5 años, siente mucha curiosidad por el mundo, como es normal a estas edades. Todo lo quiere saber: por qué se hace de día y de noche, cómo crecen las plantas, el nombre de los planetas, por qué los bebés no hablan, cómo funciona el cerebro... Algunas preguntas son fáciles de responder, otras hay que pensarlas un poco más y otras, directamente, me dejan noqueada porque no tengo ni idea del tema.
 
Hace unas semanas mi hijo me preguntó sobre la muerte. No, no ha habido ningún fallecimiento en la familia, así que no era la reacción a una pérdida, por lo que entendí que era curiosidad natural ante algo que forma parte de nuestro entorno: personajes que mueren en los cuentos y en las películas, conversaciones entre los adultos, comentarios de los amigos, noticias en el telediario, pájaros e insectos muertos que a veces encontramos en el campo...
 
La muerte de Mufasa (El rey león) es una de las primeras representaciones
de la muerte que han visto mis hijos
 
Me pilló desprevenida. ¿A quién no? No sabía muy bien cómo tratar el tema y mi información sobre cómo hablar con los niños sobre la muerte es muy escasa: algún artículo leído en algún momento (y de los que no me acordaba prácticamente), algún comentario de amigas a las que sus hijos ya les habían hecho la temida pregunta y de lo que mejor me acordaba era de un capítulo de la serie de dibujos animador Caillou, en la que el protagonista preguntaba a su padre sobre la muerte. Para que veáis lo importante que es ver la tele con nuestros hijos. De todo se aprende.
 

Responder con sinceridad y sencillez a las preguntas de los niños

 
Total, que decidí contestar a las preguntas de mi hijo con la mayor sinceridad posible, pero también con sencillez. No quería darle explicaciones larguísimas que pudieran confundirle o proporcionarle un exceso de información para la que no estuviera preparado. Le expliqué la muerte en términos físicos (el cuerpo deja de funcionar y las personas que se mueren no respiran, no hablan, no ven, no se mueven, etc.). Traté de evitar la comparación de "es como dormirse" porque no quería que después tuviera miedo a quedarse dormido. Pareció entenderlo, pero eso desencadenó otra serie de interrogantes sobre el mismo tema, que tuve que ir contestando con mucha paciencia. Quería saberlo todo: por qué nos morimos, qué pasa al morirse...  Traté de explicarle la muerte primero en términos de edad (se mueren las personas que son muy viejecitas), pero eso desencadenó otra serie de preguntas: ¿Yo soy viejo? ¿Y tú? ¿Y papá? El abuelo es viejo, ¿se va a morir ya? ¿Nos vamos a morir todos? ¿Morirse es para siempre? Cada vez se me hacía más difícil, pero procuré no dejarle sin respuesta y evitar miedos innecesarios.
 
La cuestión sobre qué pasa después de la muerte es más complicada, porque va asociada a las distintas creencias, religiosas o no, que tengamos cada uno de nosotros. En este asunto creo que cada uno debe contestar según sus creencias personales, así que no hay respuestas correctas o incorrectas. En mi caso, le contesté lo que de verdad sé: que no sé qué pasa después de morirse. ¿No lo sabes?, me preguntó asombrado. No, porque no me he muerto nunca, le dije. Pensé que esa respuesta no sería suficiente, pero estaba equivocada. Le sirvió.
 
¿Hemos zanjado el tema con esa conversación? Pues no. Unos días después se despertó llorando diciendo que no quería morirse y que no quería que se muriera el abuelo. Me sentí fatal, creyendo que mis explicaciones habían provocado esos temores. Volví a hablarlo con él y entonces me contó que una compañera de clase le había dicho que su abuelo se había muerto. Comprendí entonces su interés repentino por el tema y su obsesión por su abuelo. Volvimos a hablar y conseguí tranquilizarle. Desde entonces no ha vuelto a sacar el tema.
 

Recursos para hablar de la muerte con nuestros hijos

 
Tras estas conversaciones he buscado pautas para tratar la muerte con los niños, sin saber si había respondido de forma adecuada a las dudas de mis hijos. Consultando algunos artículos sobre cómo hablar de la muerte a los niños, creo que le di respuestas bastante adecuadas a su edad. Por si os encontráis en la misma situación, os dejo aquí algunos enlaces a artículos que os pueden servir de ayuda para cuando llegue el momento de hablar sobre la muerte a vuestros hijos:
 
 
También existen distintos recursos que podemos utilizar para hacer entender a nuestros hijos algo tan complejo como la muerte. El blog Gololo & Toin nos recomienda una selección de cuentos para hablar de la muerte  y Fotogramas recopila diez películas educativas para trabajar el duelo y la muerte. A mí me resultan especialmente conmovedoras las escenas de El rey león y Up.
 
 
 
¿Habéis tratado el tema de la muerte con vuestros hijos? ¿Cómo lo hicisteis? Contádmelo, por favor, que me interesa mucho.
 
¡Hasta el próximo post!
 
 
 
 
 

2 comentarios:

  1. Gracias por la mención! La verdad es que es un tema espinoso porque no sabemos si algo tan abstracto (y de lo que lo tenemos todas las respuestas) van a poder digerirlo realmente. Pero, como has hecho, creo que lo mejor es ser lo más naturales posibles y contarles la verdad, que hay cosas que no conocemos y que es irreversible (no que "se van", "se duermen"...). Creo que lo has hecho muy bien ;). Un besazo

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    1. Muchas gracias. Siempre te quedas con la duda cuando tratas temas tan delicados con ellos de si lo habrás hecho de forma adecuada. Tu selección de cuentos me ha gustado mucho. Voy a ver si me hago con el el de "El árbol de los recuerdos".

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