martes, 5 de mayo de 2015

La naturaleza y los niños

No hago ningún descubrimiento si digo que los niños tienen una evidente conexión con la naturaleza.  La vida en las ciudades no ha podido apagar esa fascinación que les produce. Los niños en la naturaleza son más libres y eso les hace más autónomos y más felices. Se encuentran inmersos en una gran aula donde todo aprendizaje se realiza mediante exploración, observación y manipulación.



Yo fui una niña eminentemente urbana. Hace varias generaciones que mi familia proviene de la ciudad (de distintas ciudades), así que no tengo pueblo. Sí, sí, una de las pocas de España, pero así es. Mi contacto con el campo durante la infancia quedó restringido a unos cuantos alquileres vacacionales, excursiones escolares y visitas puntuales al pueblo de alguna amiga. No echaba en falta algo que no tenía. Mi contacto más continuo con la naturaleza ha venido, ya en la veintena, de la mano de mi marido. Sus padres tienen una casa en un pueblo, inmerso en un entorno idílico: al pie de las montañas, junto al río y rodeada de bosques y pastos. Al contrario que yo, mi marido, aunque vivía en la ciudad, sí tuvo un estrecho contacto con la naturaleza gracias a los fines de semana y los veranos pasados en el campo, donde aprendió cosas tan variopintas como el cuidado de los animales o de la tierra. Yo, las vacas, las veía en la tele y en las visitas a la granja escuela. Como tantos niños de hoy.

Mis hijos tienen la fortuna de vivir ambos mundos. Y tengo que reconocer que el campo les sienta bien. Duermen mejor, comen mejor, disfrutan del aire libre casi todo el día. No necesitan (casi) tele ni tantos juguetes. El mayor se divierte regando las plantas, observando a las hormigas, arrancando tomates aún verdes de las tomateras (el año pasado no perdonó ni uno; veremos si este año es más paciente), recogiendo ciruelas y melocotones, aplastando mariquitas (no es su intención, pero está diezmando la población a un ritmo trepidante), escucha asombrado el sonido del viento entre las hojas y el canto de los grillos (¿qué suena, mamá?), espanta a las golondrinas que quieren anidar en el porche, observa a una distancia prudencial las vacas, las ovejas y los caballos que se encuentran en los pastos, sopla dientes de león, me trae margaritas aplastadas, trepa con su padre a los observatorios de pájaros de la zona, conoce cada fin de semana especies nuevas (este puente ha descubierto los patos silvestres), tira piedras al río...

Es enorme el número de estímulos que reciben los niños en los entornos rurales. Aprendizajes y experiencias que les ayudarán en su desarrollo físico, emocional y cognitivo. En el campo se caen con más frecuencia, porque los caminos no son lisos, pero aprenden a levantarse. En el campo se ejercita la virtud de la paciencia, porque las plantas tienen su ritmo y hay que esperar el paso natural del tiempo. En el campo se aprende a observar los pequeños detalles, a cuidar el entorno. El juego al aire libre estimula la coordinación y el equilibrio. También dicen que los niños que viven en entornos rurales son menos miedosos, más ágiles y más tranquilos que los de la ciudad.

No penséis que voy a hacer las maletas y mudarme. La ciudad me encanta y tiene muchas ventajas de las que carece el campo. Pero es innegable que para los niños el contacto con la naturaleza es importante y beneficioso, por lo que considero necesario que los padres lo fomentemos de la forma en que nos sea posible (paseos por el campo, excursiones, etc.). Porque ellos disfrutan y aprenden en un entorno lleno de fascinantes descubrimientos.

7 comentarios:

  1. Completamente de acuerdo contigo. Yo siempre he vivido en la ciudad también pero, como ya leíste en el post "Si volviera a ser pequeña", mis abuelos tenían un campo y cada vez que íbamos a Málaga nos pasábamos allí todos los primos todo el día y son los mejores recuerdos que tengo de mi infancia. A pesar de haber vivido siempre en la ciudad me considero totalmente de campo, por lo menos de corazón. Un beso preciosa.

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    1. Qué bonitos recuerdos. Me encantó aquel post tuyo, era precioso. Espero que mis hijos atesores recuerdos parecidos cuando crezcan. Besos!

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  2. Sí, comparto contigo todo lo que dices..La naturaleza es una fuente de estimulos impresionante para los niños y les va muy bien. Como tu no tengo pueblo, siempre de ciudad y intentamos escaparnos siempre que podemos. Besos

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    1. Veo que por lo menos no soy la única que no tiene pueblo... Siempre he pensado que por eso era un poco bicho raro ;) Yo soy bastante urbanita, pero he aprendido a amar la naturaleza. Eso sí, de los tomates y de las azaleas se encarga mi marido, porque yo me cargo toda planta que toco ;) Besos!

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  3. Estoy de acuerdo contigo totalmente,los niños en el campo o en contacto fluido con la naturaleza aprenden a observar ,a fijarse en los detalles que les rodea y a respetar más el entorno. Pierden el miedo también típico de las ciudades ,yo aunque era de ciudad tenía contacto fluido con el campo,íbamos a sembrar o a recoger frutales toda la familia y finalmente nos trasladamos a una finca con cría de ganado y animales varios y mira no te queda otra que ser menos"finolis"porque yo tenía ranas,sapos y serpientes que bajaban de la montaña y comían a las gallinas,pero es que llegaban hasta la casa y se cuelan por todas las rendijas, en fin, que hasta dentro de un armario te encontrabas a un animal y como te digo influyó en que pierdas un poco los escrúpulos.Mis hijos no tienen ese contacto que tuve yo y lo noto, son más urbanitas. Y mi marido,tiene pueblo sí, pero da igual,jaja, no soporta el campo ,¡Fue el último del pueblo que nació con partera en casa!, jaja.

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    1. Mira, yo las serpientes, mejor a distancia jajaja No soy yo muy amiga de los animales la verdad. Con el tiempo me he ido acostumbrando algo, pero, vamos, que sigo siendo un poco "finolis", como tú dices... Mi marido se burla, porque él es como un niño chico y coge saltamontes, ranas, escarabajos o lo que se tercie para enseñárselos a los niños... Yo ya no pego un respingo, pero tampoco los toco jajaja

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  4. Estoy completamente de acuerdo Marian!!! Y que suerte poder disfrutar de la casita en el campo!! Como tu dices a los niños les va genial. Mi padre tiene un huerto en medio de la montaña y comparto lo que tu dices, lo bien que les va y se entretienen, hacen mñás ejercicio, comen mejor y aprenden muchas cosas que les enseña el contacto directo con la naturaleza!!! Besitos

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