martes, 14 de octubre de 2014

Dos horas caóticas


Yo no sé si es que me organizo fatal o en todas las casas pasará lo mismo. Pero el principio del día es un caos absoluto. Desde que me levanto hasta que salgo de casa en dirección al colegio son casi dos horas de locura.
Cuando suena el despertador, nos levantamos de puntillas. No es una exageración. Literalmente de puntillas. Porque el mayor se despierta con el sonido más leve. Así que, aunque parezca ridículo, nos duchamos y preparamos el desayuno lo más sigilosos que podemos. Pero da igual, porque un chasquido de la madera o el sonido de una cucharilla al rozar la taza o similar le despiertan siempre antes de tiempo. Y ya estamos liados. Así que, en contra de todas nuestras creencias pedagógicas, le ponemos los dibujos animados. Fatal. Un suspenso, ya me sé la teoría. No se usa la tele para distraer a los niños, la tele no es una niñera, bla, bla, bla. Teniendo en cuenta que mi hijo mayor se levanta cada día de su vida con el pie izquierdo y que aún no está socialmente aceptado salir a la calle en pijama, pues ahí van una tanda de episodios de Caillou, Peppa Pig, Pocoyó o lo que sea, con tal de poder vestirnos.

También el bebé se despierta y entonces mi marido sale disparado por la puerta y ya estoy yo sola con los dos enanos reclamando al mismo tiempo el desayuno. El mayor se me escapa en calzoncillos, riéndose y dice que no quiere ir al cole, que quiere jugar con los coches. En ese momento el bebé se pone a llorar porque toca cambio de pañal. O el mayor, ya sin el pañal de la noche, se niega a usar el orinal y se empapa el uniforme y deja un charco en el suelo del salón. Otras veces usa el orinal, pero se niega a lavarse los dientes. Pega al bebé. Esconde  la mochila. Esconde mis llaves. Dice que quiere ir al cole. Dice que no quiere ir. Enciende y apaga las luces de toda la casa. Enciende y apaga el reproductor de DVD porque quiere escuchar música (y da igual que le diga que no vale para eso). Unas veces se toma el desayuno en dos minutos, otras veces tarda media hora. Un par de veces se toma sólo unas cucharadas de cereales y se niega a comer más. Cuando ya estamos listos, el bebé se hace caca, se le sale del pañal y se mancha la ropa. Mientras le cambio, el mayor se hace pis.
Por fin el mayor está en el carrito, el bebé en la mochila y lo llevamos todo: la cartera, el babi, la caja del otoño... En la calle llueve. El mayor intenta arrancar el plástico de la lluvia del carrito y yo hago malabarismos para llevar el carrito con una sola mano mientras con la otra sujeto el paraguas que nos tapa al bebé y a mí (sobre todo al bebé).

A las 9 de la mañana dejo al mayor en el colegio. Estoy agotada. Creo recordar que en otra vida charlaba en el desayuno con mi marido y tenía tiempo para ponerme la mascarilla en el pelo. Pero, como digo, eso fue en otra vida.

4 comentarios:

  1. No, no eres tú sola. Mis mañanas son bastante parecidas a las tuyas. La tele no llego a ponérsela porque me niego rotundamente (eso no quita que no piense en ponérsela todos toditos los días) pero a causa de eso estoy a punto de que me ingresen en un psiquiátrico, así que tú tranquila. Yo me acuerdo mucho de la otra vida esa que cuentas, yo también tenía una!!! jajaja. Un beso y ánimo!

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    1. Me alegra saber que no soy la única, pero siento que tú también lidies con esta batalla todas las mañanas :( Es que son muy pequeños. Ahora... me descubro el sombrero de que seas capaz de resistirte a la tele. Yo lo intenté, pero no hubo manera. En mi descargo diré que salvo excepciones no ve más a lo largo del día. Besos!

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  2. Te he visto literalmente en mi mente,uff...En mi caso mi hija tiene 9 años y el pequeño 32 meses y la verdad es que entre que ella ya se sirve sola y el otro es bastante bueno no me quejo. Pero tranquila que los meses pasan y seguro que la tranquilidad llega.
    Un beso!

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    1. Qué suerte! Claro, es que tu niña ya es autónoma para muchas cosas verdad? Supongo que es cuestión de tiempo. En mi caso el pequeño también es muy tranquilo, pero claro si tiene hambre o el pañal sucio pues reclama, qué va a hacer el pobre. El mayor es capítulo aparte, aunque también le entiendo, porque entre los celos y los cambios de alguna forma tenía que explotar. Besos!

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