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Mostrando entradas de febrero, 2019

Globos y elecciones

Ha sido el cumpleaños de Rober. El viernes lo celebramos en pequeño llevando a merendar a los niños y le dimos nuestro regalo, que este año ha sido algo extraño, pero ha triunfado. No tenía ni idea de qué regalarle: últimamente trabaja más que de costumbre, está bastante estresado y no parece divertirse demasiado con nada. Todas sus aficiones languidecen en armarios y estanterías y solo parece que se relaja con dos cosas: los preparativos para el huerto y un juego online. Ahí andan Carlos y él, preparando semilleros en la terraza que trasladaremos en su momento para trasplantarlos en su momento y elucubrando qué van a plantar este año: tomates, judías, calabacines... El año pasado hubiéramos podido poner una frutería. Cada fin de semana nos traíamos kilos de tomates deliciosos que repartíamos entre la familia. Tengo la sensación de haber preparado litros de salmorejo...

Pensé comprarle algo para la bici, porque en cuanto empiece el buen tiempo (vale, que ya ha empezado, pero no creo …

Hambre de saber

Hoy Carlos quería saber sus apellidos. TODOS sus apellidos. No solo los dos primeros, que son los que conoce, sino que pretendía que me remontara hasta nuestros ancestros de la Edad Media. He llegado hasta su noveno apellido y porque era de la familia de Rober y ya a tanto no llegaba. No ha importado: entonces ha querido saber cuántos bisabuelos tenía y sus nombres y cuántos tatarabuelos y sus nombres. De todos ellos. Y, cuando me he vuelto a atascar, ha empezado a preguntarme sumas y luego ha querido saber por qué él hace las sumas de manera diferente a como las hace su padre y que por qué enseñan métodos distintos de sumar y que qué pasaría si se cambia de colegio y utilizan otro método de sumas y que si yo no sé matemáticas porque siempre digo que soy de letras y que si papá sabe algo de lengua, porque trabaja con números...

Y así todo el camino. Preguntas y más preguntas. Del colegio al parque, del parque a casa. La curiosidad insaciable de los seis años que todo quiere saberlo, q…

Sin parar

Tuvimos fin de semana intenso y no pude pasar por aquí. Lo bueno es que no tengo obligación de hacerlo, porque me he liberado de la carga del blog pseudoprofesional, así que la idea es escribir cuando puedo y cuando me apetece. Una verdadera liberación.

El caso es que no paramos. El sábado por la mañana Marcos tenía un cumpleaños en uno de esos garitos para preescolares que suministran emociones fuertes (hinchables, parques de bolas, camas elásticas, pistas americanas...) y sustancias alucinógenas para infantes (refrescos azucarados, tarta de cien mil chocolates, ganchitos radioactivos). Se lo pasó genial: media mañana luchando contra un dragón hinchable y trepando por cuerdas para tirarse por un tobogán. Su diversión fue inversamente proporcional a la mía, que tuve que hacer vida social con los padres de la clase. Es curioso, pero con los padres de la clase de Carlos me llevo muy bien y es divertido cuando hacemos actividades comunes, pero con los de Marcos (salvo un par de excepcion…

Profesiones

De mayor, Carlos quiere ser profesor. Antes decía que sería cocinero y andaba todo el día con los cacharritos de un lado a otro, haciéndonos platos de lo más innovadores como los helados calientes de fresa y limón, pero desde hace más de un año asegura que será profesor y, como está en esa maravillosa edad de la curiosidad que son los seis años, todo lo pregunta: cuántos años hay que estudiar para ser profe, qué se estudia, si tienes que vivir en el colegio (me encanta esa idea que tienen los niños de que los profes no salen nunca del edificio), etc.

Marcos dice que él será metrorista (en marquitiano: conductor de metro) y rey. Así me lo dijo ayer, así que reprimí mi vena republicaba y le pregunté por qué quería ser rey. "Para mandar a la guardia". Muy de Marcos. Él no sería un rey de cuento, con su corona y su cetro, sentado en su trono, no: él sería uno de esos reyes conquistadores, al frente de su ejército, arrasando enemigos. El rey de los hunos.

Rober está inmerso en p…

Redes sociales

Odio Facebook y me encanta Twitter. Hasta hoy estas eran mis redes sociales. La primera la uso lo justo (casi nada), pero en cambio TW me fascina. Es rápida, concisa y justa. Sí, justa. El logaritmo de FB me parece completamente arbitrario y, por regla general (especialmente para los que tenemos fan page), no da demasiada visibilidad si no pagas. Además, no llego a entender del todo su funcionamiento, pese a que hace años que la uso.

En cambio TW exige más tiempo, pero me parece mucho más transparente y ágil. Y, como yo elijo a quien seguir, en mi TL no hay broncas ni gente insultando. Tengo dos perfiles (el del blog y el literario) y no sigo a gente agresiva, que pulula en cantidades abundante por esa red, así que no me encuentro conversaciones desagradables que no me interesan. Al contrario: las personas que sigo me aportan en positivo.

Todo esto viene a que llevo TODO EL DÍA peleando para abrir una cuenta de Instagram (en la editorial llevan recalcando desde septiembre que es "…

Los nadadores

Hoy van dos post, pero es que el de esta mañana no cuenta, que solo pretendía informar sobre el nuevo enfoque del blog. En realidad, podría habérmelo ahorrado, por eso de no tener que dar explicaciones, pero iba a ser un cambio tan drástico que creo que merecía algún tipo de puente entre una parte y otra, por aquello de suavizar la transición.

Hoy hemos tenido las jornadas de puertas abiertas en la piscina. Todos los trimestres los padres podemos asistir a una clase para comprobar los avances de nuestros hijos y allá que hemos ido, todos apiñados en una pasarela, deseosos de ver las cabriolas de nuestros patitos en el agua. Bueno, en nuestro caso, un patito y un dothraki. Carlos ha nadado genial: de espaldas, a crol, con tabla, sin ella... Incluso se ha tirado de cabeza un par de veces y lo ha hecho bastante bien. Su estilo ha mejorado mucho y se le ve más seguro en el agua.

Marcos, en su línea. Lo primero que ha hecho es tirarse de bomba y luego se ha pasado el resto de la clase pasa…

De vuelta

Hace un año y dos meses que escribí mi último post. Estaba saturada de trabajo y cansada del blog. Se había convertido en una obligación y los blogs no profesionales nunca deben ser una obligación. Así que decidí tomarme un descanso navideño, pero el tiempo se fue alargando y yo sentía una extraña paz sin tener que estar pensando temas para el blog, sin ocuparme del SEO o de la edición de imágenes, sin cumplir con los planes de publicación. Incluso pensé en cerrarlo, pero me resistía a dar ese último paso.

Llevo tiempo pensando en retomarlo, pero no me decidía. Y entonces me di cuenta de que el verdadero problema no estaba en el blog, sino en su planteamiento. Este blog nació con vocación de diario. Lo lleva en su propio nombre: Diario de una madre del siglo XXI*. Lo creé en un momento muy concreto de mi vida, cuando estaba en el paro, con un niño de dos años y un bebé prematuro que  nos había dado el mayor susto de nuestras vidas. Necesitaba escribir, contar todas esas experiencias p…